Barranco del Infierno: el sendero sedante

Vistas de Barranco del Infierno
Marcos

El casco pesa poco, pero se nota

Uno se lo ajusta a primera hora, junto al antiguo molino de Adeje, con el grupo todavía medio dormido y el sur aún en sombra. Y entiende enseguida que lo que empieza ahí no es un paseo decorativo. El Barranco del Infierno es una reserva natural con reglas: reserva previa, aforo contado, franja de entrada. Al principio parece burocracia. Después se descubre que es el primer regalo del día. 

Entrada al Barranco del Infierno
Sendero de entrada al Barranco del Infierno

Un umbral a 350 metros

El sendero arranca a unos 350 metros sobre la costa, en un balcón natural desde el que el sur de Tenerife se ordena solo: el pueblo abajo, las medianías en terrazas, el mar plano al fondo y la franja de hoteles reducida a un detalle lejano. 

Luego giras la cabeza hacia dentro. Hacia el barranco. Y el paisaje cambia de idioma. Los primeros metros te hablan de tabaibas y cardones. Se camina en fila. Se habla poco. La música es de piedras sueltas crujiendo bajo la bota. El camino es estrecho pero cómodo, bien marcado, y pide una atención casi insólita: mirar dónde se pisa. Nada más. Es asombroso lo que descansa la cabeza cuando se le da una sola tarea. 

Sendero en el Barranco del Infierno, en Tenerife

El tiempo se mide en capas

A medida que se avanza, las paredes se cierran. La luz, ahora vertical, se precipita. El calor de la costa se queda atrás y el aire cambia de temperatura casi sin avisar. 

Aquí el tiempo no se cuenta en horas. Se cuenta en capas. Cada franja de roca es una colada antigua, un episodio de la isla, una erupción que quedó escrita en la pared. El agua lleva millones de años trabajando esta garganta hasta dejarla así: encajada, angosta, con los roques asomando arriba como testigos. Hay algo profundamente sedante en caminar dentro de una escala que no es la nuestra. 

Salto de Agua en el Barranco del Infierno
Sendero entre la vegetación del Barranco del Infierno

Seis kilómetros y medio para vaciar la cabeza

Son unos 6,5 kilómetros entre ida y vuelta. Unas tres horas y media, sin apurar. Dificultad moderada, desnivel contenido. 

Pero el dato importante no es ese. 

El dato calve es lo que ocurre pasado el primer tercio del recorrido, cuando el cuerpo encuentra su ritmo, la respiración se ordena y el ruido de fuera —el correo pendiente, la lista, la semana— empieza a perder volumen. Primero se apaga la cobertura. Después, casi sin darse cuenta, se apaga el resto. 

Eso es lo que ofrece el Barranco del Infierno y no siempre se cuenta: no adrenalina, sino evasión. Un tipo de descanso que solo se consigue caminando. 

El agua, al final

Y entonces aparece el agua. 

Se oye antes de verse. Un murmullo fino en el fondo del cauce, sauces creciendo donde la humedad se queda, verdín en las paredes, un verde que no encaja con la idea que medio mundo tiene del sur de Tenerife. El barranco guarda uno de los cursos de agua más constantes de la isla y, en el tramo final, entre paredes altísimas, una cascada delgada cae sobre la roca. 

No es espectacular en el sentido publicitario del término. Es mejor, porque esa cascada es improbable. 

Formaciones geológicas en Barranco del Infierno
Senderistas caminando en Barranco del Infierno

Aquí vivieron los antiguos habitantes de la isla, en cuevas y abrigos que todavía se reconocen. Y se entiende por qué. Donde hay agua, hay refugio. Donde hay refugio, hay memoria. 

Volver por el mismo sitio, que nunca es el mismo

El regreso se hace por el mismo camino. Pero ya no es el mismo camino. Porque tú no eres el mismo que cuatro o cinco horas antes. 

Se vuelve mirando lo que a la ida quedó a la espalda: el barranco abriéndose otra vez, la luz subiendo por las paredes, el mar reapareciendo al fondo. Se devuelve el casco. Se sacude el polvo de las botas. Se bebe agua a la sombra del molino, con las piernas contentas y la cabeza limpia. 

Y queda esa sensación rara, buena, de haber salido de la isla sin salir de la isla. 

Vegetación en Barranco del Infierno
Sendero de vuelta en Barranco del Infierno

Cómo llegar a Barranco del Infierno

El punto de encuentro está en la calle Los Molinos, en la parte alta del casco de Adeje. Es imprescindible reservar con antelación, porque el acceso está limitado para proteger la reserva. El casco es obligatorio durante todo el recorrido y el calzado de montaña, también. El horario de entrada cambia según la temporada —más temprano en verano, con cierre del parque a mediodía—, así que conviene comprobarlo antes de salir de casa. 

Si llegas desde otra isla, el puerto de Los Cristianos queda a apenas quince minutos en coche del casco de Adeje. El ferry a Tenerife enlaza a diario el sur de la isla con La Gomera, La Palma y El Hierro, y permite plantear la caminata como una escapada de un día: primera hora en el barranco, mediodía de vuelta en el muelle. Consulta horarios y billetes de ferry antes de cerrar tu franja de entrada al sendero.

Otras formas de ocio activo en el entorno del Barranco del Infierno

  • Visita guiada por el sendero. La misma ruta, pero acompañada: la lectura de la geología, la flora endémica y los rastros de ocupación antigua convierten el recorrido en algo más que una caminata bonita. 
  • Parapente sobre la reserva. Los despegues de Taucho e Ifonche, en las medianías de Adeje, permiten sobrevolar el propio Barranco del Infierno, el Paisaje Protegido de Ifonche y los roques del Conde e Imoque antes de aterrizar junto al mar, en La Caleta. 
  • Roque del Conde. La alternativa cuando el sendero del barranco está completo. Una subida franca a una montaña-mesa con vistas de trescientos sesenta grados sobre todo el sur, y sin necesidad de reserva. 
  • La red de senderos de Ifonche y Taucho. Caminos de herradura entre pinar, viñas y caseríos, en el límite con la Corona Forestal. Barrancos del Rey, de las Fuentes o de la Fuente: recorridos de media jornada con el mismo silencio y otro paisaje. 
  • Bicicleta por las medianías de Adeje. Carreteras de curvas largas y pistas forestales que suben desde la costa hasta los mil metros. Duro de piernas, generoso de vistas. 
  • Descenso de barrancos en cauces autorizados. El barranquismo no está permitido dentro de la reserva, pero varias empresas con guías titulados trabajan en cauces habilitados del sur de Tenerife para quien busque la versión vertical y mojada de la experiencia. 

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