Puerto de Mogán: entre flores y mar

Sergio Domı́nguez

El Puerto de Mogán es uno de esos lugares del sur de Gran Canaria que invitan a bajar el ritmo. Su pequeña playa de aguas tranquilas, las fachadas blancas cubiertas de buganvillas, el ambiente marinero y sus atardeceres permiten disfrutarlo sin necesidad de grandes planes: caminar, bañarse, sentarse frente al mar y cuidar un entorno cuya belleza depende también del respeto de quienes lo visitan.

Hay lugares a los que uno va con una lista de cosas por hacer. Y hay otros en los que la lista sobra. Y para mí, el Puerto de Mogán es uno de los segundos.

Quizá porque aquí el mejor plan consiste precisamente en no tener demasiado plan. Llegar, caminar un poco, buscar el mar entre las calles y dejar que la tarde vaya decidiendo. Sin demasiadas prisas. Sin esa necesidad que tenemos a veces de convertir cada viaje en una sucesión de fotografías y lugares tachados de una lista.

El Puerto de Mogán se disfruta mejor cuando uno simplemente está.

Un puerto donde también crecen flores

Hay una imagen que inevitablemente se queda en la memoria: las fachadas blancas, los pequeños puentes y, sobre todo, las plantas.

Buganvillas que caen desde los balcones casi sin pedir permiso. Hibiscos. Flores que trepan, sobresalen de una pared o terminan formando pequeños techos vegetales sobre algunas calles. Rosas, violetas, rojas. A determinadas horas, cuando el sol empieza a bajar, el blanco de las casas hace todavía más intenso el color.

Callejuela en el Puerto de Mogán
Detalle de fachada en el Puerto de Mogán con flores de buganvilla
Puerta verde de una casa en Puerto Mogán

Pero hay algo importante detrás de esa postal: el cuidado.

El Puerto de Mogán es bonito porque existe una atención cotidiana sobre el espacio que compartimos. Sobre las casas, las calles, las plantas, el puerto y el mar. Y quizá la mejor forma de visitarlo sea entender que nosotros también formamos parte de ese cuidado durante unas horas.

Ventanas en fachadas multicolor del Puerto de Mogán

No arrancar una flor para llevársela. No dejar una botella en la playa. No convertir una fachada en un decorado al que podemos subirnos para conseguir una mejor fotografía para nuestras redes.

Parece poca cosa. En realidad, es casi todo.

Una playa para bajar el volumen

Después está la playa. Pequeña, recogida y protegida del oleaje, con esas aguas que muchas veces parecen invitar más a quedarse dentro que a salir rápidamente de ellas. Es una playa familiar, de baños tranquilos, de niños jugando en la orilla y conversaciones que se prolongan debajo de una sombrilla hasta bien entrada la tarde.

No está para competir con las grandes playas de Gran Canaria. Su virtud es que te hace sentir como en casa. Y no todos los sitios consiguen esa sensación tan rápido. 

Veleros amarrados en el Puerto de Mogán
Ventana verde con detalles azules en el Puerto de Mogán
Restaurante situado en Puerto de Mogán, en el sur de Gran Canaria

Puedes nadar un rato, salir, secarte al sol y regresar al agua media hora después. O no hacer absolutamente nada. Mirar hacia el puerto. Ver entrar y salir alguna embarcación. Escuchar el ruido inevitable de una playa habitada sin que llegue a romper esa sensación de pausa.

Hay que esperar a que caiga la tarde

Yo no tendría demasiada prisa por volver.

Porque el Puerto de Mogán tiene una última cosa que contar cuando buena parte del día ya ha terminado. El sol empieza a caer hacia el Atlántico y la luz cambia lentamente. Primero sobre las montañas. Después sobre las fachadas. Finalmente sobre el agua.

Entonces todo parece más cálido.

Playa en el Puerto de Mogán

Puede que estés todavía en la playa. Puede que hayas encontrado una mesa para tomar algo junto al puerto. O simplemente estés caminando sin rumbo entre las calles mientras las flores empiezan a perder intensidad con las últimas horas de luz. Da un poco igual. Lo importante es quedarse.

En Canarias tenemos una relación particular con los atardeceres. Quizá porque vivimos rodeados de horizonte. Sabemos que algunos días no hace falta organizar nada especial para que ocurra algo memorable: basta encontrar un sitio, sentarse y esperar.

El Puerto de Mogán es uno de esos lugares. Y cuando el sol finalmente desaparece, las luces empiezan a encenderse, las terrazas continúan con sus conversaciones y el puerto adquiere otro ritmo.

Acantilado junto a la playa de Puerto de Mogán

Será entonces cuando entiendas que la vida pasa rápido cuando simplemente te sientes bien, contigo y con lo que te rodea. Y eso es lo que buscamos en vacaciones, o cuando queremos simplemente desconectar.

Cómo llegar a Puerto de Mogán desde Tenerife

Desde Santa Cruz de Tenerife, Fred. Olsen Express conecta directamente con Agaete, en Gran Canaria, en una travesía de unos 80 minutos. 

Desde Agaete puedes continuar por carretera hacia el sur de Gran Canaria hasta el Puerto de Mogán. Si llevas tu propio coche, es la opción más cómoda para convertir la visita en una escapada por la isla.

Cómo llegar a Puerto de Mogán desde Fuerteventura

Desde Morro Jable, Fred. Olsen Express conecta Fuerteventura con Las Palmas de Gran Canaria en unas dos horas. Desde la capital grancanaria se puede continuar hacia el Puerto de Mogán por la GC-1 en dirección sur. 

También en este caso, viajar en coche permite continuar directamente hacia Mogán una vez desembarques.

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