Playa Blanca: guía para descubrir el sur de Lanzarote

Vista del pueblo de Playa Blanca

Al sur de Lanzarote, la luz cambia. Es más blanca, más franca, más marina. Nada más asomarse al paseo de Playa Blanca, ese aire atlántico y salado se cuela por todas partes: la ropa, pelo, piel. Y al fondo, Fuerteventura, tan cerca que parece flotar sobre el agua, recortada nítida contra el horizonte. 

Playa Blanca es la parte de la isla que huele a sal, a suspiro de calma y a chiringuito de mediodía. Un antiguo pueblo de pescadores, ampliado por décadas de veraneo, con un litoral lo suficientemente variado como para que cada día sea una playa distinta y ninguna se parezca del todo a la anterior. Se camina descalzo, se come tarde, se madruga poco. Y todo, a media hora escasa del Timanfaya y de las salinas más luminosas del archipiélago. Esta guía recorre lo esencial para descubrir por qué el sur de Lanzarote sigue siendo una escapada tan fácil de amar. 

Paseo marítimo de Playa Blanca

Playa Blanca, Lanzarote: el pueblo más al sur de la isla

Qué hace especial al pueblo de Playa Blanca

Playa Blanca creció desde una pequeña aldea de pescadores del municipio de Yaiza hasta convertirse en el núcleo turístico más joven de la isla, pero conserva algo del carácter marinero original: la cadencia lenta, el olor a pescado a la brasa, las conversaciones que se alargan al atardecer en las terrazas del paseo. La ausencia de grandes torres, la baja densidad y esa luz casi siempre suave —mezcla de arena clara y cielo despejado— explican por qué buena parte de quienes la descubren, vuelven. 

Cómo orientarse: mapa y zonas principales

Un vistazo al mapa de Playa Blanca ayuda a moverse sin prisa y, a la vez, sin perder tiempo. En el centro, el casco antiguo, la iglesia y el paseo marítimo que recorre toda la costa. Hacia el este, Playa Dorada y la Marina Rubicón. Un poco más allá, la carretera de tierra que lleva al Monumento Natural de Los Ajaches y a las calas de Papagayo. Y hacia el oeste, el paseo continúa hasta el faro de Pechiguera, ya asomado al Atlántico. Todo a distancias cortas y con transporte local disponible. 

Las mejores playas de Playa Blanca en Lanzarote

Playa Dorada, Playa Flamingo y las calas familiares

Muy cerca del centro se abren las tres playas urbanas más queridas del pueblo. Playa Dorada es la más ancha, de arena fina y aguas mansas, con socorrista y todos los servicios. Playa Flamingo, con esa forma de media luna que la caracteriza, es la favorita de las familias por sus pequeñas escolleras que amansan el mar y por sus vistas abiertas hacia Fuerteventura y el islote de Lobos. Y la propia Playa Blanca, junto al paseo, permite pasar del baño a la sombrilla y de la sombrilla a un cóctel sin cambiarse de calzado. 

Playa Flamingo, en el pueblo de Playa Blanca

Papagayo: las playas más bonitas del sur de Lanzarote

La postal, sin embargo, está unos kilómetros al este. Dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, la sucesión de calas conocida como Papagayo —Playa Mujeres, Caleta del Congrio, Playa de la Cera y la propia Papagayo, entre otras— dibuja algunas de las estampas más celebradas de Canarias: arenas doradas encajadas entre acantilados rojizos, con el agua tan transparente que parece disolverse en el aire. Se accede por una pista de tierra —con una pequeña tasa por vehículo destinada a la conservación del espacio protegido—, a pie por el sendero costero o en barco desde Marina Rubicón. Conviene madrugar y llevar agua, sombra y algo de calzado para las rocas: la recompensa es una mañana de baños casi en silencio, con el rumor del oleaje amortiguado por los riscos. 

Vista de Playa Papagayo
Vista de Playa Papagayo con visitantes tomando el sol y algunos barcos en el horizonte

Qué visitar en Playa Blanca y alrededores

Paseo marítimo, Marina Rubicón y el faro de Pechiguera

El paseo marítimo es probablemente el corazón blando del pueblo: unos seis kilómetros llanos entre palmeras, terrazas y calas pequeñas, ideales para caminar al atardecer o para desayunar sin prisa mirando al mar. En el extremo este remata en Marina Rubicón, un puerto deportivo lleno de tiendas, restaurantes y velámenes descansando en el agua, con un mercadillo de artesanía, quesos majoreros y bisutería los miércoles y sábados por la mañana. Hacia el oeste, el paseo lleva hasta el faro de Pechiguera —el antiguo, de mediados del siglo XIX, y el nuevo a su lado—, uno de los mejores rincones de la isla para ver caer el sol sobre el estrecho de La Bocaina, con Fuerteventura recortándose enfrente. 

Faro Pechiguera, en la costa sur deLanzarote

Excursiones cercanas: Timanfaya, salinas de Janubio y mucho más

Desde Playa Blanca casi todo el sur queda a media hora en coche. El Parque Nacional de Timanfaya, con su ruta guiada en guagua entre conos volcánicos y los conocidos experimentos geotérmicos, es la excursión obligada para entender el origen ígneo de Lanzarote. En el camino, las Salinas de Janubio —las más extensas en producción de Canarias, dibujadas al pie del propio Timanfaya— ofrecen una paleta rosácea que se enciende al atardecer. Y sin salir del municipio, el pueblo pesquero de El Golfo y su Charco de los Clicos redondean una jornada de paisajes volcánicos que no se olvida. 

Vista de las montañas de Timanfaya
Montañas de sal en las salinas de Janubio

Cómo llegar a Playa Blanca desde otras islas

Viaja en ferry con tu coche desde Fuerteventura o Gran Canaria

La forma más agradable —y también la más práctica— de llegar a Playa Blanca es en ferry. Desde Corralejo, el Ferry Corralejo Playa Blanca de Fred. Olsen Express cruza el estrecho de La Bocaina en apenas veinticinco minutos, con salidas prácticamente cada hora y opción de embarcar el coche. Desde Gran Canaria, la conexión rápida sale de Las Palmas hacia Arrecife y, desde allí, se baja al sur en poco más de media hora por autopista. En ambos casos, puedes consultar horarios, tarifas y detalles en el Fast ferry Lanzarote, y llegar con el ánimo ya afinado al ritmo del sur: sin prisa, con la ventana bajada y el olor del mar ya adelantándose por la carretera. 

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