Los pueblos más bonitos de Lanzarote: rincones con encanto que debes ver

Vista aérea del pueblo de Uga, en Laznarote

Lanzarote luce en sus paisajes la fuerza de sus volcanes. Pero toda persona, todo viajero, que afile su mirada encontrará en los pueblos más bonitos de Lanzarote muchísimos rincones con encanto. Esas pequeñas tramas de casas blancas desvelan calles silenciosas y plazas con sombra que mantienen vivo el pulso de la isla cuando se apaga el ruido de la costa y el vestigio de lo que una vez fue una isla furiosa.  

Cuando te asomas al interior de Lanzarote, encuentras que, por su historia, su luz, su forma de habitar el territorio, no hace falta correr. Las localidades de Lanzarote sugieren tiempo, paseo, conversación. Y devuelven, a quien sabe mirarlas, una imagen mucho más verdadera de la isla. 

Los pueblos más bonitos de Lanzarote que no te puedes perder

Cada uno cuenta una parte de la historia. Unos hablan de capitales antiguas y rutas de comercio. Otros, de paisajes volcánicos y campesinos que retaron a la lava y acabaron por domarla. Estos son cuatro nombres imprescindibles para entender la isla. 

Teguise: tradición e historia en la antigua capital

Teguise fue capital de Lanzarote durante casi cuatro siglos. Y aunque dejó de serlo en 1852, su casco histórico sigue conservando la dignidad de quien lo fue todo. Calles empedradas, iglesias antiguas, palacios bajos y conventos que recuerdan otra época sin caer en la nostalgia. 

Los domingos por la mañana, el pueblo se transforma. El mercadillo de Teguise llena de artesanía, música y voces sus plazas. Pero los demás días el silencio vuelve a ser el dueño. Y es entonces cuando mejor se entiende su belleza serena, sin teatro. 

Plaza e iglesia en Teguise, Lanzarote

Yaiza: el municipio de Lanzarote donde reina el paisaje volcánico

Al sur, Yaiza vive abrazada por la lava. El pueblo se salvó de las erupciones que entre 1730 y 1736 transformaron media isla, pero el paisaje volcánico lo rodea por todas partes. Esa frontera —entre la calma del caserío y la fuerza geológica de Timanfaya— es lo que le da su carácter. 

Sus calles, premiadas en varias ocasiones por su cuidado, mezclan blanco cal, verde madera y picón negro a los pies. Es uno de los pueblos mejor conservados del archipiélago, y desde aquí parten algunos de los caminos más bellos hacia La Geria, El Golfo o las Salinas de Janubio. 

Fachadas blancas en el pueblo de Yaiza, Lanzarote

Haría: un oasis escondido en el Valle de las Mil Palmeras

Cuando la carretera del norte desciende hacia Haría, el ojo descansa. Aquí todo es verde. Palmeras, huertos, frutales, jardines. Un microclima improbable que convierte este valle en la zona más fértil de Lanzarote y le ha valido el nombre de Valle de las Mil Palmeras. 

Casas blancas en el pueblo de Haría

San Bartolomé: un cruce de caminos en el corazón de Lanzarote

San Bartolomé ocupa el centro geográfico de la isla. Por aquí pasa, de un modo u otro, casi toda ruta interior. Pero el pueblo no se ha dejado atravesar sin más: conserva una vida agrícola pausada, una arquitectura tradicional cuidada y edificios singulares como la Casa Palacio del Mayor Guerra o la Casa Ajei. 

A pocos kilómetros se levanta el Monumento al Campesino, la obra con la que César Manrique rindió homenaje a los hombres y mujeres que aprendieron a cultivar sobre ceniza. Un buen lugar para entender de dónde viene el carácter de la isla. 

Monumento del Campesino en San Bartolomé, Lanzarote

Pueblos pesqueros de Lanzarote

Hay otra Lanzarote que solo se entiende mirando al mar. La de los pueblos pesqueros. Comunidades pequeñas, abiertas al Atlántico, donde el pescado, la sal y la espera siguen marcando el día. Cuatro ejemplos para conocerla. 

El Golfo y la magia del Charco de los Clicos

El Golfo es un pueblo de casas blancas alineadas frente al océano, con barcas entre las callejuelas y restaurantes que sirven pescado fresco mirando al mar. Pero lo que muchos vienen a buscar está justo al lado: el Charco de los Clicos, una laguna de un verde imposible encajada dentro de un antiguo cráter abierto al Atlántico. 

El contraste entre el negro de la arena, el rojo del acantilado y el verde casi fosforescente del charco es uno de esos paisajes que parecen no caber en una isla tan pequeña. Y, sin embargo, ahí están. 

El Golfo y charco de los Clicos

Caleta de Famara: paraíso surfero con calles de arena

A los pies del risco, la Caleta de Famara conserva esa rara virtud de seguir siendo pueblo aunque medio mundo del surf europeo haya aprendido aquí a leer las olas. La arena del jable entra en las calles. Las casas bajas miran al mar sin ostentación. La playa, larga y ventosa, sigue siendo escuela y refugio. 

Entrada del pueblo Caleta de Famara

Famara no impresiona por exceso, sino por verdad. Una verdad hecha de viento, de luz, de pequeñas costumbres que han sabido convivir con el visitante sin perder del todo el acento propio. 

Punta Mujeres: encanto costero y piscinas naturales

Punta Mujeres es uno de esos pueblos que no aparecen en los grandes circuitos. Y eso, en parte, lo conserva. Pertenece al municipio de Haría y se asoma al mar con un paseo de casas blancas, terrazas de flores y piscinas naturales talladas por la lava y mejoradas por la mano del pueblo. 

Aquí el mar entra con calma porque los propios vecinos protegieron sus charcos del oleaje. El plan es sencillo: pasear, mirar, bañarse a mediodía cuando se abre el cielo, comer pescado. Suficiente. 

Arrieta: ambiente pesquero con un ritmo propio

Muy cerca de Punta Mujeres, unida a ella por un paseo costero, está Arrieta. Otro pueblo pequeño en el que buscando destino sentirás hogar. Tiene su playa de arena oscura —la Playa de la Garita—, sus restaurantes de pescado fresco y, en uno de sus extremos, la sorprendente Casa Juanita, llamada también Casa China, un chalet acristalado y de aire oriental que un indiano construyó en 1916 para una hija enferma. Arrieta vive a su ritmo. Y lo defiende sin discursos. 

Consejos para recorrer las localidades de Lanzarote a tu ritmo

Los pueblos de Lanzarote no se visitan, se habitan un rato. Deja margen para los desvíos y acepta que el mejor plan, muchas veces, es sentarse en una plaza y conversar con el de al lado.  

Algunos consejos sencillos:  

  • Madrugar para llegar a Teguise antes del mercadillo 
  • Comer pescado en El Golfo o Arrieta sin reservar mesa, imposible
  • Bajar a Famara al final del día  
  • Guardar Haría para una mañana entera.  
  • Rcordar que aquí el viento manda más que el reloj. 

Si quieres organizar la visita con calma, te recomendamos consultar nuestra guía sobre qué ver en Lanzarote en 1 semana, con itinerario y rutas pensadas para recorrer la isla sin agobios. 

Llega con tu coche en el ferry de Fred. Olsen y recorre Lanzarote a tu aire 

Conocer los pueblos de Lanzarote pide libertad de movimiento. Sus calles pequeñas, sus desvíos sin prisa, sus playas escondidas: todo se disfruta más cuando no dependes de horarios ni de alquileres. Por eso, viajar con tu propio coche marca la diferencia. 

Si vienes desde la isla vecina, el ferry Fuerteventura-Lanzarote de Fred. Olsen une las dos islas en apenas 25 minutos, con varias frecuencias diarias y la posibilidad de embarcar tu vehículo. Una manera rápida, cómoda y muy canaria de empezar la ruta. 

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