Todo aflora en Tejeda

Pueblo de Tejeda con casas tradicionales de tejados rojos y montañas volcánicas al fondo en Gran Canaria.

Tejeda adquiere en estas fechas un carácter especialmente evocador, una celebración de la belleza serena del invierno. Situado en el corazón montañoso de la isla, este municipio se transforma cuando los almendros comienzan a florecer, cubriendo laderas y bancales de blanco y rosa, y culminado con un cielo limpio. Un paisaje delicado que contrasta con el entorno abrupto.  

El almendro en flor es, sin duda, el gran protagonista. Su floración convierte los alrededores del casco y los caminos rurales en auténticos corredores naturales de color y fragancia, ofreciendo una estampa que ha marcado la identidad cultural y paisajística del municipio durante generaciones. Más allá de su belleza visual, el almendro simboliza el esfuerzo agrícola y la tradición viva a través de fiestas, paseos y encuentros. En estos días, Tejeda se llena de visitantes que buscan la autenticidad que solo los pueblos – reconocido entre los pueblos más bonitos de España, por cierto – que conservan su ritmo propio saben ofrecer. 

Rama de almendro en flor con pétalos blancos y rosados en Tejeda, Gran Canaria, sobre un fondo de montañas y casas del pueblo.

Este protagonismo del almendro se traslada también a la gastronomía, uno de los grandes atractivos del municipio. La almendra es la base de una repostería tradicional reconocida en toda Canarias, elaborada de forma artesanal y transmitida de generación en generación. Dulces como el bienmesabe, el mazapán, las truchas, los suspiros o las tartas de almendra encuentran en Tejeda una expresión especialmente cuidada, donde el sabor intenso del fruto seco se mezcla con miel, azúcar y huevo para dar lugar a elaboraciones sencillas y profundamente ligadas al territorio. Entrar en una dulcería del pueblo en estas fechas es dejarse llevar por aromas cálidos y sabores que hablan de invierno, de hogar y de celebración tranquila. 

El entorno de Tejeda es otro de los elementos que lo hacen único. Desde distintos puntos del municipio, y especialmente desde el Parador de Cruz de Tejeda, se disfrutan vistas privilegiadas hacia algunos de los grandes hitos geográficos de Gran Canaria. El imponente Roque Nublo, símbolo natural de la isla, se alza majestuoso muy cerca, acompañado por el Roque Bentayga, cargado de historia prehispánica y significado cultural. En días despejados, la panorámica se amplía hacia la caldera, los barrancos profundos y, al fondo, el océano Atlántico, creando una sensación de amplitud difícil de olvidar. 

Vista panorámica del pueblo de Tejeda rodeado de montañas, riscos volcánicos y barrancos, con casas tradicionales y senderos visibles.

El Parador, integrado de manera respetuosa en el paisaje, se convierte en un lugar ideal para detenerse, contemplar y entender la magnitud del entorno. Desde allí, el visitante puede apreciar cómo la floración de los almendros se integra en un paisaje volcánico abrupto, recordando que la belleza de Tejeda reside precisamente en ese equilibrio entre dureza y delicadeza. En estas fechas, el municipio se muestra en su versión más luminosa y auténtica, invitando a disfrutar sin prisas de la naturaleza, la gastronomía y la calma que solo el corazón de Gran Canaria sabe ofrecer. 

Paisaje de Tejeda con casas tradicionales, montañas volcánicas y el Roque Nublo al fondo en Gran Canaria.

Cómo llegar a Tejeda

Si tomas el Fast ferry de Fuerteventura a Gran Canaria, llegar desde el Puerto de Las Palmas a Tejeda en coche es sencillo y permite atravesar algunos de los paisajes más representativos del interior de Gran Canaria. La opción más directa consiste en salir de la capital por la GC-23 o la GC-3 en dirección sur, enlazando después con la GC-15, una carretera que se adentra en el corazón montañoso de la isla. A medida que se asciende, el entorno urbano va quedando atrás y el paisaje se transforma en barrancos, laderas cultivadas y formaciones volcánicas, con tramos especialmente vistosos al aproximarse a la cumbre. Te aguarda un recorrido de en torno a una hora y cuarto, dependiendo del tráfico, una transición gradual desde la costa hasta uno de los municipios más altos y emblemáticos de Gran Canaria, haciendo del trayecto una introducción perfecta a la calma y la belleza de Tejeda.

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