La Palma no se visita: se vive. Es una isla que no se conforma con ser contemplada desde lejos; te invita a caminarla, a escucharla, a saborearla y, sobre todo, a conversar con quienes la habitan. Siete días en la Isla Bonita son suficientes para enamorarse… y demasiado pocos para querer marcharse. Aquí te proponemos un itinerario pensado para disfrutarla sin prisas, con intensidad y con los pies bien pegados a su tierra volcánica.
Día 1: Santa Cruz de La Palma y Puerto Naos, tradición y costa
Desembarco y paseo por los Balcones de la Avenida Marítima.
Tu llegada a Puerto es el mejor momento para descubrir Santa Cruz de La Palma, especialmente para sumergirte en su casco histórico, una joya que se recorre a pie. Calles empedradas, casas señoriales y, por supuesto, los famosos Balcones de la Avenida Marítima, desde hace unos años subrayados por una amplísima playa que viste la bahía. Por mucho que los hayas visto en fotos, cuando veas sus flores, vas a querer la tuya. Aquí conviene detenerse, no solo para la foto, sino a observar los detalles – celosías, piletas, bernegales – y dejarse llevar por el ritmo pausado de la capital.
Un café frente al mar, una conversación con comerciantes que conocen la historia de cada edificio, un chapuzón, y perderse en las angostas, singulares y empinadas calles del Barrio de San Sebastián o una visita al entorno del Barco de la Virgen, réplica de la Carabela Santa María de Colón, y que aloja un recomendable Museo Naval que te descubre la secular relación de La Palma con el Atlántico.
Puerto Naos y el rayo verde
Para la tarde, dos opciones. Si te has quedado con ganas de mar, puede ser buen momento para cambiar de banda, poner rumbo al oeste para disfrutar de tu primer atardecer en las playas de Puerto Naos. Arena volcánica, amplios paseos y el sol despidiéndose en el horizonte. Es el lugar perfecto para relajarse, darse un baño o simplemente sentarse a mirar el océano mientras cae la tarde y te tomas un cocktail esperando el ansiado y efímero rayo verde del otro lado del mar.
Alternativa: Puerto de Tazacorte. Cuenta también con una amplia playa y multitud de restaurantes en los que probar buen pescado y productos locales.
Días 2, 3 y 4: La Caldera de Taburiente, el corazón verde de la isla
Dedicar tres días a la Caldera de Taburiente no es un exceso: es un acierto. Este Parque Nacional es el corazón palpitante de La Palma, un anfiteatro natural de barrancos profundos, paredes imposibles y bosques que huelen a pino canario y a tierra húmeda.
Senderismo por el Parque Nacional
El primer día puede ser de toma de contacto, recorriendo senderos suaves, descubriendo miradores como el de La Cumbrecita, por el que normalmente accederás al fondo de la Caldera, y dejando que el paisaje empiece a hablarte. Ten muy presente que en la Caldera el silencio es quien toma la palabra. Será tu mejor compañero a medida que avanza la tarde, crece la noche y llega el primer amanecer. Tienes un día por delante para practicar senderismo, visitar Dos Aguas, Lomo de las Chozas u Hoyo Verde, darte un baño fresco – muy fresco – en las charcas, conversar con tus acompañantes. Fuera móviles, fuera notificaciones. Estás en la Caldera al cien por cien.
El tercer día, te recomendamos que tomes un buen desayuno y comiences a bajar temprano el Barranco de las Angustias. Tienes un trecho largo, de varias horas, en el que conviene ir haciendo paradas para avituallarse. Te encontrarás con la Cascada de Colores, que, sin embargo, ha perdido altura producto de las lluvias y la sedimentación acumulada durante décadas. Aunque impone menos, sigue siendo un testimonio valioso de la naturaleza que se abre paso.
Día 5: Tajogaite y el sur volcánico: la isla que se transforma
Visita guiada al nuevo paisaje volcánico de la isla.
La Palma es una isla viva, y pocos lugares lo explican tan bien como el Volcán de Tajogaite. La visita a este espacio es impactante, no solo por lo que se ve, sino por lo que se siente. Caminar por un paisaje que hace apenas unos años no existía es comprender la fuerza de la naturaleza y, al mismo tiempo, la capacidad de los palmeros y palmeras para adaptarse a una nueva realidad, a una nueva isla.
Puedes acercarte al cono del volcán, así que es conveniente que reserves visitas guiadas que ofrece el Ayuntamiento de El Paso. Imprégnate de las emocionantes historias que se derivaron de la erupción conversando con guías y vecinos/as del Valle de Aridane.
Salinas y Faro de Fuencaliente
Tras Tajogaite, el viaje continúa hacia el sur, hacia Fuencaliente, donde la isla vuelve a mostrar su carácter más enérgico. Los volcanes de San Antonio y Teneguía regalan un paisaje lunar, con senderos que serpentean entre coladas negras y vistas abiertas al océano. Aquí, el viento suele traer historias: agricultores, bodegueros y vecinos que explican cómo el magma forma parte de su día a día, no como amenaza, sino como origen.
Al atardecer, las salinas de Fuencaliente ofrecen uno de esos momentos que se quedan grabados para siempre: el sol cayendo sobre el mar, los colores rojizos reflejados en el agua y la sensación de estar en el fin del mundo… o en el principio de todo.
Día 6: Bosque de Los Tilos y el frescor del Norte de La Palma
Caminata por el Bosque de Laurisilva y visita a la Cascada de Los Tilos.
Llega el momento del Bosque de Los Tilos, en Los Sauces, un lugar de cuento, el hogar de la laurisilva y, por tanto, de la humedad ancestral, donde luz, agua y tiempo se filtran y diluyen entre helechos, tilos y murmullo. La bruma envuelve los senderos y el bosque despierta con sonidos discretos mientras buscas el Espigón Atravesado o subir rumbo a la Caldera de Marcos.
Alternativa: Caminata por Acantilados del Norte.
La Red de Senderos de La Palma – más de 1.000 km – es un abanico de paisajes. Uno de los más bellos y singulares lo encontrarás en los Acantilados del Norte. Los barrancos de Garafía, Barlovento y Puntagorda se despliegan para los amantes del senderismo más puro. Si el día está claro, aquí el paisaje abre y aparecen referencias del sur y formaciones que imponen respeto. Es un buen sitio para notar que Garajonay no es solo laurisilva. Alrededor conviven otros ecosistemas y el relieve manda.
Un chapuzón en las piscinas naturales de la Fajana de Barlovento
Después de tanta caminata, el cuerpo pide descanso. Y no hay mejor lugar que las piscinas naturales de La Fajana, en Barlovento. Una mañana aquí es un regalo: agua del Atlántico filtrada por la roca volcánica, el sonido constante del mar y familias locales compartiendo risas, consejos y alguna historia del pasado.
La Fajana no es solo un lugar para bañarse, es un punto de encuentro. Aquí se conversa sin prisas, se pregunta de dónde vienes y se recomienda qué comer después. Tienes un par de buenas opciones junto a la piscina.
Alternativa: Charco Azul.
El Charco Azul, en el municipio de San Andrés y Sauces, es otra opción de baño ideal. Unas piscinas naturales con amplias zonas de solárium recientemente remodeladas.
Día 7: Roque de los Muchachos y el Porís de Candelaria
El último día es para los que quieren llevarse La Palma en la memoria. Y no parece haber mejor broche que el Roque de Los Muchachos. La cima de la isla, de día o de noche, es igualmente majestuoso, es asomarse al corazón geológico de La Palma y estar, al mismo tiempo, a tres palmos del infinito.
Reconocerás la inmensidad de la Caldera de Taburiente y comprenderás qué pequeños somos porque días antes estabas ahí abajo. Disfruta el aire limpio, el silencio profundo y las nubes que suben y bajan como mareas lentas. Dejar que tu vista se pierda entre barrancos, crestas y horizontes infinitos.
Alternativa de día: Caminata por la Hilera de la Cumbre. Si te has quedado con ganas de hacer más senderismo, tienes la opción de patear la Hilera de la Cumbre, con su bajada por Reventón, es una de las caminatas más emblemáticas de la isla. Desde las alturas, el paisaje se abre en todas direcciones, mostrando barrancos, pinares y pueblos que parecen suspendidos en el tiempo.
Para la tarde o noche, te proponemos un último tacto con el océano, en un entorno muy especial. El Porís o Proís de Candelaria, la cueva pirata más legendaria de la isla, trufada de dichos que navegan entre la historia y la leyenda. Una cueva pintoresca, en la costa de Tijarafe, salpicada de casas escarbadas en un acantilado convertido en ventana al Atlántico. Ese atardecer es ritmo, es luz, es silencio. Es un viaje que se apaga lentamente. Ese atardecer es perfecto.
Alternativa de noche: el Roque de los Muchachos se transforma en un santuario. Bajo uno de los firmamentos más limpios del planeta, las estrellas se despliegan con una claridad sobrecogedora y la Vía Láctea cruza el cielo como un río de luz. El frío y la oscuridad agudizan los sentidos, y el visitante se siente pequeño, privilegiado y en silencio ante un mapa mitológico. Día o noche, el Roque de los Muchachos no se visita: se contempla, se respeta y se recuerda.
La Palma, una isla que se queda contigo
Siete días después, La Palma ya no es solo un destino. Es una colección de momentos, una charla improvisada, un sendero que no esperabas, un paisaje que te dejó sin palabras. Es una isla que se queda contigo mucho después de hacer la maleta.
Y lo mejor es que, cuando te vayas, sabrás que no es un adiós. Porque La Palma siempre encuentra la forma de llamar y hacerte volver.
Ventajas de viajar con tu propio coche entre islas.
Viajar a la isla bonita en el Fast Ferry Tenerife La Palma te permitirá descubrirla desde una perspectiva más pausada y auténtica, acorde con su ritmo natural. Este propio trayecto se convierte en parte de la experiencia y es el momento ideal para preparar el viaje, siguiendo esta propuesta o cualquier otra que te venga mejor. Vas a La Palma, así que deja que la esencia atlántica te bañe desde el principio.