Hay edificios que te atrapan desde fuera. No sólo por lo que muestran, sino por lo que sugieren. Y la curiosidad aumenta a medida que pasa el tiempo y no puedes descubrir qué esconde esa fachada. En Santa Cruz de Tenerife, ese impulso tiene una dirección: la calle San Lucas. Allí, tras décadas de silencio, el Templo Masónico vuelve a abrirse al público y lo hace con una idea poderosa detrás. No solo recuperar una joya arquitectónica, sino devolverle a la ciudad un lugar para entenderse mejor.
Un Egipto improbable en pleno Santa Cruz
Antes de hablar de lo que se encuentra dentro, merece la pena detenerse fuera. La fachada del Templo Masónico no es discreta. Parece diseñada para que levantes la cabeza del móvil, frenes el paso, y te preguntes “¿qué es esto?”. Es un encuentro que no esperabas, pero son los que más disfrutas porque crees haber encontrado el cofre del tesoro. Columnas palmiformes, esfinges y el conocido “ojo que todo lo ve” componen un imaginario que remite al Egipto simbólico, pero plantado en una ciudad atlántica, portuaria y mestiza. Como si Santa Cruz hubiese decidido, hace más de un siglo, construir también un umbral hacia lo invisible: ideas, valores, ritos y preguntas.
Esa primera impresión ya dice mucho del edificio. Aquí no se venía solo a estar, sino a significar. Y eso, en una capital que durante años ha tenido que aprender a cuidar lo suyo en medio del ritmo urbano, es un recordatorio oportuno.
Lo que promete el interior: símbolos, relato y una visita que ordena la mirada
Si no has entrado aún, la invitación consiste en imaginar la experiencia como un recorrido en capas. La primera es la estética: el placer de caminar por un inmueble rehabilitado con vocación de proteger su carácter. El Templo Masónico ha sido objeto de un proceso integral de rehabilitación orientado a su conservación y puesta en valor, recuperando el brillo arquitectónico que lo hace único.
La segunda capa es la simbólica. La masonería -más allá del ruido de tópicos- se entiende mejor cuando se la mira como una cultura de signos: geometría, proporciones, referencias morales, rituales de palabra y escucha. Por eso una visita guiada cobra especial sentido: no es un “entra y mira”, sino un “entra y descifra”. El edificio fue concebido exprofeso como templo, y esa intención se nota en cómo cada elemento busca contar algo sin decirlo del todo.
Y la tercera capa, quizá la más relevante para la Santa Cruz de hoy, es la pedagógica. Un espacio pensado para que salgas con más preguntas que respuestas, pero con mejores preguntas. El Gobierno y el Ayuntamiento, de hecho, han vinculado este lugar a actividades divulgativas sobre valores ilustrados, humanistas y democráticos asociados a la masonería, precisamente para resignificar el edificio desde el presente.
Un edificio con dos vidas (y una herida)
El Templo Masónico no se entiende sin su quiebra histórica. Durante años fue símbolo de tolerancia, modernidad, convivencia cívica y pensamiento crítico. Tras el golpe de 1936, ese significado se invirtió. El edificio fue ocupado y convertido en espacio de propaganda, interrogatorios, represión y tortura. Esta dimensión es la que explica que hoy se impulse su declaración como Lugar de Memoria Democrática. No solo por lo que representó, sino por lo que allí se hizo cuando la violencia tomó el control.
Recuperar patrimonio es recuperar autoestima
En los últimos años, Santa Cruz ha ido afinando una idea. La capital no solo se visita, también se lee. Y para que una ciudad se deje leer, necesita conservar sus párrafos. El Templo Masónico es uno de esos párrafos largos, complejos, llenos de subrayados.
Su reapertura no es un hecho aislado, forma parte de una lógica mayor, la de poner en valor el patrimonio no como decorado, sino como infraestructura cultural. Un edificio singular (además de Bien de Interés Cultural) que vuelve a abrirse al público. Un espacio que fija identidad. No es lo mismo tener historia que poder caminarla desde dentro. Educa sin imponer: la memoria democrática no es un monumento estático, es una conversación pública bien cuidada. La alta demanda de visitas desde la reapertura es una pista clara, había una curiosidad dormida esperando su momento.
Cómo visitarlo: la experiencia completa empieza antes de entrar
Si quieres que la visita te cunda, merece la pena ir con una pequeña preparación mental: este no es un lugar para correr. Es un lugar para escuchar el silencio, mirar detalles y dejar que te expliquen. Por eso, si puedes, prioriza la visita guiada.
Según la información municipal, actualmente se combinan visitas libres y visitas guiadas con reserva previa, con horarios diferenciados y cierre los lunes. Las reservas se gestionan a través de la plataforma cultural municipal y la app de cultura de la ciudad. Comprueba siempre la disponibilidad antes de ir.
Llegar a Santa Cruz en modo Brisa
En Brisa nos gusta recordar que el trayecto también cuenta. Si vienes desde otra isla, llegar a Tenerife por mar tiene una cualidad distinta: la capital aparece poco a poco, como si no quisiera rebelarse de golpe. Y esa entrada -con el puerto, el perfil urbano y la luz cambiando- encaja muy bien con lo que propone el Templo Masónico: una experiencia de umbral, de transición, de “ahora cruzo y miro distinto”.
La combinación ideal es sencilla: una mañana de paseo por el centro (sin prisa, con parada de barra y conversación), y el Templo como punto de inflexión del día. Porque hay visitas que no solo te enseñan un edificio: te devuelven una ciudad con más profundidad.