Entrevista a Saúl Santos

Llega con su habitual andar ágil, alegre. Seguramente porque su bebé de ocho meses le acaba de sacar una sonrisa. Saúl Santos es uno de los fotógrafos más reconocidos en el ámbito turístico de La Palma y Canarias. Pero su trabajo como paisajista ha alcanzado trayectoria internacional, con especial vocación por la Patagonia. National Geographic ha llevado sus instantáneas dos veces a portada. Trabaja habitualmente con Promotur y con el área de Turismo de La Palma. Nos citamos en la terraza de un entorno muy pintoresco, en la calle Garachico de Santa Cruz de La Palma, una de las callejuelas que vierten hacia el Casco Histórico, muy cerca de su casa. Pedimos unos cafés para que bañen e inspiren la conversación.

¿Qué es para ti una fotografía?

Es todo. No veo mi vida sin hacer fotos y sin que la cámara sea parte de mi cada vez que voy a un lugar. Varias veces me han dicho que mi pasión por la fotografía se perdería en el momento que lo convirtiera en mi profesión. No solo no sucedió, sino que a día de hoy esa pasión sigue creciendo y evolucionando. A veces dejo de lado un poco la foto creativa por la foto comercial, pero siempre tratando de sacar el lado mas bello de cada cosa que veo. Siento una obsesión por capturar momentos efímeros y llevar al espectador ese sentimiento o emoción.

Tu trabajo está enfocado, sobre todo, a la naturaleza, al paisajismo. Y yo creo que es el que más seduce, probablemente. ¿De dónde viene ese gusto, esa delicadeza, esa pasión por la naturaleza?

Primero vino la pasión por la naturaleza, que está ahí desde niño. Y la fotografía creo que viene por mi padre y mi madre, sobre todo mi padre. Él ya se dedicaba a la fotografía cuando yo nací, a la fotografía de paisajes y promoción turística. Prácticamente aprendí a caminar en la naturaleza, porque me llevaba a todos lados a hacer fotos

Crestería de la Caldera de Taburiente. Juan Jesús Santos. Años 90.
Crestería de la Caldera de Taburiente. Juan Jesús Santos. Años 90.

Hoy en día comentas fotos con ellos. ¿Te critican fotos?

No, no me las critican. No son muy expresivos a la hora de reconocer, bueno, sí reconocen, obviamente, mi trabajo, mucho, pero costó… Yo sentía como que a veces mis padres no reconocían mis logros, hasta que tuve ya cierto reconocimiento. Siempre me felicitan, pero no negativamente, no me lo critican.

En esas salidas con ellos, ¿hay alguna foto tuya que recuerdes como la primera?

El camarero trae los cafés y Saúl aprovecha para remover y pensar.

Tendría que ponerme a pensar cuál podría ser, o ver el archivo, ahora mismo no

¿O recuerdas algún paisaje que de alguna forma te invitase a ir una y otra vez?

El Llano del Jable. Yo creo que es de los paisajes que siempre más fui con mi padre. Y creo que ese quizás es el más que me identifica con él. Sobre todo cuando empecé a hacer fotos de las florecitas rojas que salían. No sé si se llaman Pico de Graja. Y no sé, fue el Llano del Jable, uno de mis lugares favoritos de la isla.

¿De qué edad estamos hablando? ¿Cuándo empiezas a tomar fotos?

20, 22. Con 22 años.

¿Vocación más o menos tardía?

Sí. Sí. Él nunca trató de inculcármela. Yo me crié entre carretes y entre fotos, pero nunca… Nunca fue algo que él tratara de inculcar y nunca me llamó la atención. Yo hacía fotos, pero como cualquier aficionado con cámaras, cuando me iba de viaje, pero fotos con los colegas, nunca de paisaje ni nada.

Acabas de ser padre hace unos meses. Crees que le puedes trasmitir algo de ti, de tu forma de ver el mundo, a través de tu fotografía?

Me encantaría, mi manera de ver el mundo, seguro. Que le guste la fotografía será su decisión. Sí me hace ilusión enseñarle mis fotos y, sobre todo, contarle cuando crezca lo que sentí en esos lugares y momentos. Obviamente poder llevarlo conmigo siempre que se pueda. Pero lo mas importante es trasmitir ese amor y respeto por la naturaleza

Monte Fitz Roy (Patagonia, Argentina). Saúl Santos
Monte Fitz Roy (Patagonia, Argentina). Saúl Santos

¿Cuando te planteas “yo creo que tengo un talento para dedicarme a esto”? ¿Hubo un detonante?

No. Fue por una profesora. Yo hacía decoración en la Escuela de Arte. Pero una profesora me dijo que empezaba el ciclo de fotografía, y me animó a hacerlo, porque conocía también el trabajo de mi padre. Y al meterme en el laboratorio de blanco y negro hice el click de decir, me gusta esto y me gustaría dedicarme a esto.

Ese laboratorio ya queda lejos, ya no vas a un laboratorio.

Yo creo que solo lo toqué cuando estudié. Nunca más entré en un laboratorio. Porque, de hecho, me cogió la transición. Después terminé y comencé a hacer las prácticas en el periódico El Día. Y todos los años que estuve trabajando en el periódico, revelaba los carretes. Iba a Fotomoreno, los revelaba, los escaneaba y mandaba las fotos a Tenerife.

Hay un movimiento romántico por la fotografía analógica, por recuperarla, por darle visibilidad. ¿Nunca has tenido contacto con la fotografía analógica en el ámbito turístico?

En el momento en que empecé a hacer fotografía digital siempre dije que iba a volver a la analógica en algún momento. Pero ese momento hasta el día de hoy no ha llegado. Siempre quise, me gustaría a lo mejor meterme en un laboratorio para verlo en blanco y negro. Color no, porque también lo toqué y es muy complejo. Pero jugar como juegas con el laboratorio es mucho más complicado. Ya no solo tienes que medir la posición para que te quede más claro o más oscuro, sino que también tienes que ir con una escala de colores.

Un fotógrafo que está constantemente mirando lo que pasa a su alrededor desde el punto de vista paisajístico, ¿puede ser un simple turista y disfrutar con la cámara apagada? ¿O estás constantemente pensando en fotografía?

Yo nunca me he querido sentir como un turista, porque no me gusta el modelo, no me gusta ir a donde va todo el mundo. Busco ir a donde no vaya nadie o el menor número de personas posible. Pero nunca consigo ir a un viaje sin llevar mi cámara. Incluso aquí en La Palma. Si voy a algún lado siempre me gusta llevarla porque nunca sabes dónde puedes encontrar una foto.

Es muy paradójica esa querencia por ir a sitios nuevos que no se masifiquen. Porque tú al final eres los ojos de mucha gente que no conoce ese lugar y dice “ah, a mí me gustaría ir a ese lugar que Saúl fotografío”. ¿Cómo te sientes frente a esa reflexión?

La idea mía siempre ha sido hacer sentir al espectador lo que yo siento al ver ese paisaje o ese lugar, ese rincón. Obviamente eso es un arma doble filo porque hay riesgo de que se masifiquen los lugares. Me pasó con la portada de National Geographic de la Cascada de Los Tilos, que después de esa portada, aunque ya era un lugar muy visitado, se ha masificado bastante.

¿Pero sientes culpa? ¿De alguna manera?

No, yo creo que no. Mientras que no rompan el ecosistema o el paisaje. Creo que todos tenemos derecho a conocer esos sitios.

Has trabajado en todo el mundo. Sin embargo, es evidente que en tu trabajo Canarias está muy presente. ¿Qué hace a Canarias singular frente a otros lugares?

Muchas veces escuchas que Canarias es el mejor lugar del mundo o que tiene los mejores lugares del mundo. Yo no considero que Canarias tenga ni los mejores paisajes del mundo, ni los más espectaculares, ni mucho menos. Para mí Canarias lo que tiene que la hace singular y única es la diversidad de paisaje, y de clima, y la calidad de clima en un espacio tan pequeño. Eso no lo he visto yo en los sitios que he estado del mundo.

Hablando de las portadas, has estado en la portada de National Geographic varias veces, en otras revistas también de alcance internacional. ¿Hay alguna que te hiciera especial ilusión?

Hay dos, la primera y la de La Palma, por ser Canarias

Descríbelas.

La primera fue un paisaje que se llama el Valle de la Luna en Catamarca, en Argentina. Y era una foto que yo nunca pensé que pudiera ser portada porque era horizontal, pero es que muchas veces son las que usan para las portadas. Me ha pasado varias veces.

Y la de Los Tilos fue la Cascada, en un momento que se permitía subir al puente, bueno, al canal, que recoge el agua de la propia cascada. Es una foto a una amiga, desde un punto de vista totalmente diferente al típico, de espalda. Y esa fue la portada de La Palma.

Portada de la revista National Geographic con foto de Saúl Santos en Argentina
Portada de la revista National Geographic con foto de La Palma de Saúl Santos

Uno de tus trabajos más recientes es el relacionado con el Volcán Tajogaite. Supongo que supuso un pico de trabajo pero también de tensión muy importante. Cuéntanos aquella experiencia, porque además la viviste desde un lugar no tan habitual, junto a científicos, llegando incluso a subir al cono volcánico.

Fue el acontecimiento más increíble y espectacular que he fotografiado nunca. Fue una montaña rusa de emociones, porque lo mismo que estaba disfrutando, viendo un espectáculo único, increíble, también todos los días se me derramaban las lágrimas de ver el dolor y ver lo que estaba sucediendo. Uno de los primeros días que pude entrar a la zona de exclusión vi cómo se llevaba una casa, primero todo el patio, y había bicicletas, muchos juguetes de niños, un pequeño parque infantil, y eso me provocó un sentimiento tremendo de tristeza. En ese momento, estaba con un policía, y con otro chico que colaboraba con Involcán. Yo les preguntaba, ¿no les impacta ver eso? Y ellos estaban ya acostumbrados a verlo diariamente. Pero es que además los dos habían perdido su casa, porque vivían en La Laguna.

Yo lo había visto hasta ese momento por la televisión, pero era el primer momento que lo veía en directo. Para mí fue un shock. Yo había vivido un año y medio en Argentina. Viajé tanto por allí, vi la Patagonia, que era mi sueño, fui a las Cataratas de Iguazú, que era otro sueño. Y recuerdo que en una foto que subí a redes escribí que ya había visto los elementos de naturaleza más increíbles del mundo. Una chica, no recuerdo quién era, me respondió que me faltaba ver un volcán. Y siempre tuve presente ese comentario durante el Tajogaite, porque realmente fue superior a todos los accidentes naturales que he podido ver.

Cataratas de Iguazú. Saúl Santos. 11.05.23
Cataratas de Iguazú. Saúl Santos. 11.05.23
Patagonia. Saúl Santos. 08.04.16
Patagonia. Saúl Santos. 08.04.16

Tú eres de Fuencaliente. Con lo cual, tus padres tuvieron que vivir en primera persona el Teneguía. ¿Llegaste a plantearte, antes de los enjambres sísmicos que ya apuntaban a que la erupción se acercaba, que ese sueño de fotografiar un volcán podía pasar en La Palma a pocos kilómetros de tu casa?

Tenía presente el Teneguía, porque mis padres lo vivieron. El recuerdo de un volcán que no hizo daño. Mi padre fue el cronista gráfico del Teneguía, y su hermano fue el cronista oficial del Diario de Avisos, escribiendo.

Y, claro, yo soñaba con ver un volcán. Pero nunca pensé que, a pesar de los temblores, de lo que se hablaba, que fuera inminente. Pensé que había alarmismo, hasta que ese mismo día estaba en el sofá y sentí un temblor. Y dije, pues ahora sí.

Yo no considero que un volcán sea malo y uno bueno. Simplemente que el lugar donde salió uno y donde salió otro, es distinto, porque este salió en una zona poblada, e hizo el daño que hizo, pero no considero que sea un volcán malo ni maldito. Todos sabemos que vivimos sobre volcanes y esta vez tocó así. Y nos volverá a tocar

¿Qué sentiste al verlo por primera vez en directo?

Creo que entramos todos en un estado de shock. Llegué allí como una sensación de irrealidad de que aquello no estaba sucediendo.

¿Sentiste miedo?

No, en ningún momento. Incluso cuando entré dentro de la zona de exclusión pensaba que estaba siempre en buenas manos, con gente con mucha experiencia. También era para ellos – los científicos a los que acompañaba – su pasión y su sueño. A veces preguntaba, ¿no es peligroso estar aquí? Y decían que sí, pero merecía la pena correr el riesgo. Ahora lo pienso y claro que estábamos asumiendo riesgos, pero yo no lo sabía.

Sentiste la necesidad de hacer paisajismo y enseñar la parte bonita del volcán el espectáculo visual, pero ¿sentiste la necesidad también de relatar lo que sucedía a la parte social?

Quería hacerlo, pero me dolía muchísimo, entonces me centraba más en la parte natural, porque, claro, tu deber como fotógrafo es documentar todo lo que puedas y todo lo que creas conveniente para el futuro, porque se va a necesitar ese tipo de material. En la tragedia humana no quise entrar mucho, se me pidieron muchas cosas, no las quise hacer, era doloroso.

¿Cuántas fotos pudiste hacer?

Unas 10.000 fotos. En 3 meses. Y en realidad yo soy un fotógrafo de disparar poco. Algún fotógrafo contó que hizo 10.000 en un día. Será porque vengo de la era analógica y, claro, cada disparo te costaba, los carretes eran caros y estaba limitado, no es como ahora.

Si te pregunto por una foto de esas 10.000, ¿te quedas con alguna?

 No, me quedaría con varias.

Descríbeme alguna.

Hay una que están los científicos muy cerca de la boca del volcán. Nunca pensé estar tan cerca. Éramos un grupo de 5 personas, y entre ellos un italiano que trabajaba en el Etna. Lo vivía con pasión. Estaba muy tranquilo en ese momento el volcán. Él se quiso acercar al pie de la boca y pensé, bueno, pues si se acerca, pues yo también. Yo me estaba asfixiando, y después otra chica también se acercó. En ese momento me alejé un poco y aproveché y le tomé una foto, no tenía máscara. Después le pregunté. Me confesó que si hubiera cambiado la fase eruptiva del volcán o si cambiaba el viento en aquel momento lo hubiéramos pasado muy mal o no hubiéramos salido porque estábamos muy cerca.

Erupción del Tajogaite. Saúl Santos. 07.12.21
Erupción del Tajogaite. Saúl Santos. 07.12.21

Recuerdo que coincidí contigo una vez que estabas subiendo al cono con ellos. Yo estaba repartiendo el almuerzo a los científicos como voluntario en el interior de la zona de exclusión. ¿Qué aprendiste de la experiencia con los científicos? Ellos te te hablaban de forma que tú entendieras la magnitud de lo que estaba pasando. Te contaban detalles que a lo mejor no sé si no se podían contar

Sí, hablamos. Y ellos hablaban de todo. Decían que la prensa compartía muchos bulos y muchas cosas que no eran ciertas, que eran falsas. Pero sí, conmigo hablaban con total libertad.

Te costó entrar a la zona de exclusión, verdad. Es distinto el volcán por dentro que por fuera.

Sí, me costó casi un mes. Y al tiempo de estar con ellos me alegré de que me costara tanto entrar porque si me lo ofrecen desde el principio seguramente habría accedido y me habría perdido muchas fotos desde fuera. Por ejemplo esta foto que ha gustado muchísimo que hice desde El Paso con el volcán del fondo.

Dejemos el Tajogaite. ¿Qué fotógrafos te inspiraron, te inspiran?

Supongo que hay muchos, pero a lo largo de años, esos referentes cambian. Así que mi verdadero referente es mi padre. Aprendí muchísimo de él.

Acabas de volver de Lanzarote y Fuerteventura, que ofrecen estos días una imagen totalmente atípica.

Yo no lo recuerdo. Allí escuché hablar de que hace unos años hubo una vez… Yo no recuerdo ver esas imágenes porque ya llevamos en la era digital prácticamente 20 años y en 20 años eso se hubiera hecho viral o se hubiera hablado mucho de eso, se hubieran visto muchas imágenes. Entonces creo que mínimo 20 años y escuché a varias personas decir que se hablaba de que hacía más de 30 años que no estaba así.

Fuerteventura. Zona de Tindaya. Saúl Santos.

Es parte del trabajo de un fotógrafo hablar también con la gente.

Sí, claro. Muchas veces hay fotos que tú llegas y te las encuentras y son fotones sin buscarlas. Pero cuando planifico una foto, primero, yo lo que hago es ir a reconocer el lugar, patearlo, verlo, hablar con la gente para saber como llegar a este o aquel punto. Mucha gente trabaja con aplicaciones de dónde sale el sol, por dónde se pone. A mí me gusta verlo in situ, ver cómo inciden las luces, ver cómo se comporta la luz. Reconocerlo, ver el encuadre, ver el momento del día que mejor conviene. Y en ese proceso conectas con gente y se habla, sí.

¿Cuántos amaneceres puedes ver en un año?

Pues casi todos, pocos me pierdo. De hecho, no sé si fue a ti que te vi y te lo comenté, que vi una foto de un amanecer espectacular aquí en La Palma hace unos días. Llevo meses esperando un amanecer así y no lo he visto.

Esa foto es de mi padre.

Pues quedó guapa.

¿Me escogerías un paisaje de cada isla?

Sí, a ver La Palma es la que siempre me cuesta más, fíjate, porque hay varios lugares pero creo que La Palma me quedaría con las cumbres de La Palma. Tanto el Roque de los Muchachos y sus alrededores como la Ruta de los Volcanes, o los alrededores del Roque de los Muchachos. Del Hierro, Los Llanos de Misdafe. De La Gomera, los alrededores del Roque Agando. Gran Canaria, Roque Nublo. Siempre me voy a las cumbres. Pero de Tenerife me voy a quedar con Anaga, sin duda. Lanzarote, los Acantiladas de Famara con vistas al archipiélago Chinijo. Y Fuerteventura, playa de Cofete.

¿Alguna foto que te quede por hacer?

Millones. ¿En La Palma? Millones. Muchas.

¿Esas fotografías están en tu cabeza?

Sí, algunas sí. De hecho tengo una lista de fotos.

Archipiélago Chinijo. Saúl Santos. 4.09.23
Archipiélago Chinijo. Saúl Santos. 4.09.23

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