Ruta norte La Gomera: de Agulo a Vallehermoso

Ruta Norte de La Gomera: de Agulo a Vallehermoso

La postal de la ruta norte de La Gomera no empieza en un mirador, sino en la carretera. Esa que se retuerce desde la cumbre, bordea barrancos imposibles y se asoma al Atlántico como si jugara a desaparecer. En cuanto el coche toma dirección norte, la isla cambia de registro: caseríos diminutos, laderas pintadas de verde y pueblos que se agarran al terreno como si llevaran siglos negociando con la gravedad. Entre todos ellos, tres lugares marcan el itinerario perfecto para una escapada de un día: Hermigua, Agulo y Vallehermoso.

Entre barrancos y miradores: Agulo–Vallehermoso
Caminos del norte gomero: de Agulo a Vallehermoso

Primera parada: Hermigua, valle de terrazas y plataneras

El descenso te deja, casi sin darte cuenta, en el valle de Hermigua, uno de esos paisajes que se quedan grabados: una alfombra verde de bancales, palmeras y plataneras encajadas entre montañas. Dicen que Hermigua es un paraíso de terrazas, tranquilidad y calma. La verdad es que cuesta llevarles la contraria.

Lo mejor es aparcar y dedicar un rato a pasear por el valle. El entorno del antiguo Convento de Santo Domingo es uno de los rincones con más peso histórico del norte gomero. El convento y su iglesia recuerdan la época en la que Hermigua era un importante centro religioso y educativo de la isla.

En el Valle Bajo, la iglesia neogótica de Nuestra Señora de la Encarnación sobresale entre las casas como punto de referencia. Es la parroquia del municipio y guarda una de las imágenes más queridas por los vecinos.  Cualquier caminata corta por Hermigua sirve para entender su carácter: muros de piedra, acequias, plataneras y fincas agrícolas acompañan el camino. Aquí el paisaje se trabaja a mano desde hace siglos, y se nota.

Si a estas alturas el cuerpo pide mar, basta con desviarse hacia la costa. Primero te espera el Pescante, con los restos de la antigua infraestructura portuaria y una coqueta piscina natural de agua de mar, literalmente abrazada por el Atlántico. Un poco más adelante aparece la playa de La Caleta, una de las zonas más bonitas del norte gomero, de callao y arena oscura, perfecta para una parada si el mar está tranquilo.

Hermigua es, en definitiva, el lugar ideal para empezar a bajar revoluciones: aquí el silencio se respeta casi como un patrimonio más.

Hermigua: el valle verde de La Gomera

Segunda parada: Agulo, el “bombón” de La Gomera

Desde Hermigua, la carretera GM-1 continúa paralela a la costa y, tras un corto trayecto, el paisaje se vuelve aún más teatral. Antes de llegar, el caserío de Santa Catalina, rodeado de plataneras y con su playa al fondo, sirve de anticipo de lo que viene: casas encajadas en los barrancos, mar de frente y montaña de espalda.

Agulo suele describirse como “el bombón de La Gomera”, y cuando aparcas junto al casco histórico lo entiendes enseguida: casas de teja roja, calles adoquinadas, fachadas restauradas y un silencio que suena casi a lujo.

Lo ideal es empezar la ruta caminando sin prisa por su centro. La Plaza de Leoncio Bento es un buen punto de partida para sentarse, mirar alrededor y empezar a notar el ritmo del pueblo. Justo al lado, la Iglesia de San Marcos se impone con su fachada blanca y su interior sencillo, muy en sintonía con la escala del lugar.

Las calles de los barrios de El Charco, Las Casas y La Montañeta conservan la esencia de la arquitectura tradicional gomera: balcones de madera, patios interiores, muros encalados y pequeños huertos que se asoman a los barrancos. Caminar por aquí es casi como pasear por una maqueta a escala real.

Y, por supuesto, acércate a la Casa del Pintor José Aguiar, convertida en museo y espacio expositivo, donde se recuerda la figura de uno de los grandes muralistas canarios del siglo XX.

Casas tradicionales de Agulo con balcones de madera decorados y fachadas coloridas en el norte de La Gomera.
Fachada y entrada de la Casa del Pintor José Aguiar en Agulo, La Gomera, con detalles de arte y arquitectura tradicional.
Fachada blanca de la Iglesia de San Marcos en Agulo, La Gomera, rodeada de vegetación y casas tradicionales.

Mirador de Abrante: La Gomera suspendida en el aire

Desde Agulo, la carretera asciende hasta el famoso Mirador de Abrante, esa plataforma de cristal que se lanza literalmente sobre el vacío. La experiencia aquí es tanto visual como sensorial: bajo tus pies, Agulo se ve como un pueblo de juguete encajado entre el acantilado y el mar; enfrente, en los días despejados, el Teide se levanta sobre Tenerife como si estuviera vigilando el norte gomero.

Es un buen lugar para dar rienda suelta a tu creatividad con la cámara. Y si te apetece alargar la mañana, desde la zona de La Palmita salen senderos que se adentran en la laurisilva y conectan con el entorno del Parque Nacional de Garajonay, así que puedes combinar la ruta norte con un pequeño paseo entre nieblas y brezos.

Vista panorámica del valle de Agulo y el océano desde la plataforma acristalada del Mirador de Abrante.
Mirador de Abrante con pasarela de cristal, mostrando bancales verdes y el océano azul al fondo.
Mirador de Abrante suspendido sobre un acantilado, con vistas al valle de Agulo y el mar Atlántico.
Última parada: Vallehermoso, entre roques y mar


Desde Agulo continuamos la ruta hacia Vallehermoso, un trayecto corto en kilómetros pero intenso en curvas y paisajes. El protagonista, según te acercas, es el Roque Cano, ese coloso de roca que se levanta sobre el valle como un guardián de piedra.

Vallehermoso hace honor a su nombre: aquí la montaña y el mar se dan la mano. El pueblo se distribuye en torno a la plaza de La Constitución, un excelente lugar para sentarse en una terraza, pedir un café o una caña y observar la vida cotidiana gomera, sin prisas ni artificios.

Súbete hasta la Iglesia de San Juan Bautista, una de las más grandes de la isla, y recorre las calles que descienden de nuevo hasta la plaza. Balcones, buganvillas y pequeñas tiendas dan a este paseo un aire muy de pueblo de montaña atlántico. A poca distancia, el caserío de Tamargada regala una estampa de palmeral, casas terreras y bancales, perfecta para entender el paisaje rural del norte de La Gomera.

Si el cuerpo pide agua después de tanto barranco, pon rumbo a la Playa de Vallehermoso. Es una playa de callao oscuro, muy salvaje, pero cuenta con un parque marítimo con piscina de agua de mar donde puedes nadar con el océano literalmente al lado, protegido del oleaje.

Viajar en barco de Tenerife a La Gomera

Para disfrutar de esta ruta, lo más cómodo es viajar en fast ferry con Fred. Olsen Express desde Tenerife a La Gomera. Los barcos salen del puerto de Los Cristianos, en el sur de la isla, y en unos 50 minutos llegas al puerto de San Sebastián de La Gomera. Es un trayecto corto, pero muy escénico: ves alejarse el perfil del Teide mientras se acerca la silueta abrupta de La Gomera.

Hay varias salidas al día, lo que te permite organizar fácilmente una escapada de jornada completa o incluso un fin de semana largo. Puedes viajar como pasajero a pie o llevar tu propio coche a bordo, algo especialmente recomendable si quieres moverte con libertad por el norte de la isla, parando en miradores, caseríos o playas sin depender de horarios.

Una ruta perfecta para quienes viajan entre islas con Fred. Olsen Express y quieren que el norte de La Gomera les cuente, en pocas horas, todo lo que la hace única.

¿Listo para tu próxima travesía?

Reserva tu siguiente escapada y vive la esencia de las Islas Canarias viajando con Fred. Olsen Express. Empieza tu viaje aquí.

Artículos relacionados

Interior de la Dulcería Mimila en La Gomera con estantes llenos de dulces tradicionales gomeros.
Canarias rural, Ocio activo, Rutas

Mimila, una parada dulce con sabor a tradición

Une montaña y mar a través de acantilados, barrancos y…
Ocio activo

SENDERO CHINAMADA – PUNTA DEL HIDALGO

Une montaña y mar a través de acantilados, barrancos y…
Poris de Candelaria en La Palma, Canarias
Playas y charcas

El Porís de Candelaria y la primera viajera ilustre

Este pequeño puerto tradicional excavado en la roca es uno…