océanos
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Rubén Armiche
maravillosa. En cambio, en El
Hierro no te permiten tocar nada.
Te ponenmuchas dificultades. Y la
verdad es que si se hace algo desde
la sensibilidad y rico en matices
es enriquecedor, genera cultura y
riqueza. Un ejemplo claro son los
Jameos del Agua. Era un vertedero
y ahora solo hay que ver las cifras
de visitantes que tiene”.
Neptuno, su escultura en el Pozo
de Las Calcosas, se acerca de al-
gún modo a ese concepto.
La escultura de Neptuno fue clave.
Dentro de esa obra hay ocho viejas
lavadoras. Conseguimos que la po-
blación se acercara a ese litoral y re-
cogiera toda la basura para conver-
tirla en arte. Al llegar cada mañana
al lugar me encontraba unos sacos
de cemento, que alguien había car-
gado y depositado allí, de forma
anónima, para que pudiera seguir
trabajando en la escultura.
Es cuando decide volver desde
Madrid.
“En ese momento es cuando veo de
forma muy clara las posibilidades
de interacción del arte con la pobla-
ción. Veo que la utopía artística se
podía desarrollar en El Hierro; que
bien canalizado la gente pueda en-
tender que el arte no es sólo un mu-
seo o una sala de exposiciones. Hay
un arte social y otro especulativo.
Me interesa mucho el primero. Ver
a un niño que se encuentra ante la
Escultura de La Bajada, contán-
dole muy orgulloso a sus abuelos
que él participó en la realización de
esa obra, es saber que él se lo con-
tará a sus nietos. Y cuidará la obra
como suya. En ocasiones ha habido
algunos desperfectos, ya que los
materiales que usamos en algunas
partes son algo efímeros; pues bien,
la gente me paraba por la calle para
preguntarme cuándo iba a restau-
rarla. Eso nunca me ha pasado con
una obra pictórica.
El arte social contra el arte espe-
culativo.
Intenté mostrar la experiencia de
Neptuno y La Bajada en la Penín-
sula a nivel de galerías y fue imposi-
ble. No les interesaba. Lo que que-
rían eran obras para vender. No les
interesa contar la historia artística
y social de esas creaciones. Llega-
ron a ofrecerme exponer en Arco,
pagando por el espacio, claro. Hay
mucha hipocresía en el arte.
Creaste el Juego de La Bajada.
Ese fue un proyecto, uno más, con
el Centro de Discapacitados de El
Sabinar. No creo, tras trabajar con
ellos, que se les deba llamar así, más
bien, pre capacitados, porque lo
demuestran en la forma en que se
involucran en cada nuevo proyec-
to, las ganas que ponen, el cariño
y su creatividad. Hicimos camisas
con un lagarto corriendo, vestido
de bailarín con la frase “Llego tar-
de”, que es una actitud muy herre-
ña . Enriquece mucho trabajar con
ellos. El Juego de la Bajada estuvo
arropado por mis diseños y la idea,
pero la ejecución, la búsqueda de
documentación, las fichas de pre-
guntas, la manufactura...eso lo han
did some marvellous work. In El
Hierro, on the other hand, they
won’tallowyoutotouchanything.
They put lots of stumbling-
blocks in the way. And the truth
is that if you do something with
sensitivity, something that is rich
in nuances, it is rewarding, it
generates culture and wealth. A
clear example is the Jameos del
Agua. It used to be a waste dump
and now you only have to see the
number of visitors it has”.
DoesNeptune, your sculpture in
Pozo de Las Calcosas, approach
this concept in any way?
The sculpture of Neptune was
decisive. In that work, there are
eight old washing machines.
We managed to get the locals
to go to the coast and collect
all the rubbish, in order to
convert it into art. As I got
there each morning, I would find
a few sacks of cement, which
somebody loaded and left there,
anonymously, so that I could go
on working on the sculpture.
And that is when you decide
to return from Madrid.
That is the moment when I saw
clearly thepossibility of interaction
between art and the population.
I saw that artistic utopia could
be developed in El Hierro; that
if done right, the people would
understand that art is not only a
museum or an exhibition space.
There is social art and speculative
art. I’m far more interested in the
former. Seeing a child before the
sculpture of “La Bajada”, telling
his grandparents proudly that he
participated in the making of the
work, is to know that he will tell his
grandchildren. And he will take
care of the work as his own. On
occasions, there has been some
disrepair, as the materials we
used in some parts are not very
durable; well, people would stop
me in the street to ask me when I
was going to restore it. This never
happened to me with paintings.
Social art as opposed to
speculative art.
I tried to illustrate the experience
of Neptune and La Bajada
in mainland galleries, and it
was impossible. They weren’t
interested. What they wanted
were works to sell. They weren’t
interested in telling the artistic
and social story of those creations.
They went as far as to offer me
exhibition space in Arco, paying
for the stand, of course. There’s
lots of hypocrisy in art.
You created the Game of La
Bajada.
That was a project, onemore, with
the Centre for the Disabled in El
Sabinar. After working with them,
I don’t think I should call them
that; rather, pre-abled, because
they show it in the way they get
involved in each new project, their
enthusiasm, their care and their
creativity. We made tee-shirts
with a running lizard, dressed as a
dancer, with the phrase ‘I’m late’,
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